Mostrando entradas con la etiqueta cuentos chinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos chinos. Mostrar todas las entradas

6.8.11

Lluvia

Cuando era pequeña no había nada que esperara con más anhelo que la llegada del verano. Cada que sonaba la última campana de la escuela salía corriendo a mi casa a preparar las maletas para visitar a mi abuelo Javier y mi abuela Valeria.

Ese año había llovido como ningún otro, por lo que no pude correr hasta mi casa. Esperé a que mi mamá llegará a la puerta del colegio ya con mi maleta hecha, listos para emprender el anual viaje al rancho naranjero en Álamo Veracruz.

Llegué al rancho y pensé que sería un verano muy aburrido, pues, por las lluvias, no había la posibilidad de salir a jugar con los hijos de los campesinos o de ir a nadar al río como siempre lo hacía cuando el calor resultaba insoportable.

Mis abuelos, cuando llovía acostumbraban encerrarse en su cuarto y sellar el espacio entre la puerta y el piso con una toalla. Mi mamá me prohibía acercarme a su cuarto en esos momentos desde que yo tenía cinco años; ahora tengo catorce.

Una mañana no llovió; simplemente estaba muy nublado, por lo que mi abuelo aprovechó para ir a sembrar las naranjas del próximo año. Yo me quedé a recorrer el rancho, pues en ese tiempo habían hecho algunos cambios que aún no conocía.

Mi mamá siempre me regañaba porque decía que no era propio de una señorita andar entre tanto hombre como si nada y mi abuelo decía que no le hiciera caso y que jugara cuanto quisiera.

Esa mañana, me acompañó Pepe, hijo de don Juan, uno de los campesinos más allegados a mi abuelo. Pepe siempre había sido mi compañero de aventuras en la infancia. Él me enseñó a nadar en el río, a trepar a los árboles y a caminar por el campo sin que ningún insecto me picara.

Él tenía 17 años ahora, había crecido casi 20 centímetros en un año y me saludó con un “hola” y un “te he extrañado mucho”. Estábamos en medio de los naranjos cuando comenzó a llover; con esa lluvia se desbordó el río e inundó gran parte del rancho, pero eso no lo sabría hasta una semana después.

Mientras, Pepe y yo nos resguardamos en una de las cabañas que mi abuelo había construido para que descansaran los campesinos al medio día. Ahí, a media luz, su mirada era diferente, sus hombros se habían hecho más anchos. A oscuras veía todos los cambios que habían sucedido en su cuerpo mientras yo estaba estudiando. Se quitó la camisa y la puso entre el piso y la puerta de la cabaña. Me abrazó para quitarme el frío y un calor llenó todo mi cuerpo por 4 días, que fue lo que tardó la lluvia en terminar.

Cuando regresé a mi casa, mi mamá me recibió con un “Hija de la chingada ¿dónde te metiste todos estos días? ¿Qué no has visto cómo está el río? Yo pensando lo peor y tú llegas tan campante” y, como punto final, una cachetada bien dada. Mi abuelo la tranquilizó; yo expliqué que me había resguardado de la lluvia, pero que la lluvia tardó más de lo pensado.

Pasó el verano y fuí a despedirme de Pepe, que había estado ocupado tratando de controlar a la naturaleza con todos los demás hombres de la finca; me dió un beso en la frente, le pregunté si me amaba y me dijo: “Eres como la lluvia, cuando no estás ruego porque llegues, pero ahora no puedo controlarte; será mejor que esperemos.”

Me fuí del rancho llorando las seis horas que tardamos en llegar a Puebla con la esperanza de que llegara pronto la próxima sequia y su eventual temporal.

13.6.11

Amor bucólico

20 de septiembre de 2010

Estoy en mi habitación, entre dormido y despierto. Las sábanas caen pesadas sobre mi cuerpo. Sombra corta de las patas de la mesa, y el silencio domina mi tos. Luisa ya no está.

Ya no estará jamás en su jardín, donde todas las noches veía al cielo, donde nunca dormia vigilando a las estrellas y la luna y de un momento a otro me decía “Amado mío: La luna acaba de asomarse y la escucho cantar; todo es tan indescriptiblemente bello.” y yo bajaba y veía el cielo nocturno a su lado. Eso jamás volverá a pasar.

22 de septiembre de 2010

Hoy iba caminando por la calle cuando de repente se apareció Muriel. Su aspecto no podía ser más repulsivo; despedía un olor a loción barata; su cara, polveada, quería cubrir las arrugas, tenía la boca embarrada de lápiz labial mal aplicado y el pelo daba la impresión de estar teñido. Parecía un padrote de pies a cabeza. Le conté que extrañaba muchísimo a Luisa, que no podía vivir sin ella, que sentía que mi vida se iba al carajo si pasaba las noches en su jardín sin mirar el cielo a su lado. Él me recomendó que visitara una mansión en el centro, que preguntara por la dueña del lugar y que ella me llevaría con una mujer para curarme la tristeza.

24 de septiembre de 2010

En mi agonía de desamor comencé a delirar, confundo el sueño con la realidad. Hoy amanecí con todas las flores del jardín junto a mi cama después de haber soñado que las arrancaba. Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano ¿entonces, qué? ¿qué es lo real?

Necesito curarme, haré caso de las recomendaciones de Muriel.

25 de septiembre de 2010

Hoy fui a la casa que me dijo Muriel, cuando llegué dije que él me había referido. “Entonces tendrás atención de rey”, me respondieron. Pasé por toda la casa antes de llegar al cuarto que me tenían preparado. La mansión era en verdad hermosa, por más que la fachada se encargara de negarlo. La calle no daba cabida para el cielo al que había ingresado, un cielo repleto de ángeles que caminan por sus pasillos semidesnudas, donde en las habitaciones cerradas se escucha el placer y huele a velas perfumadas y pasión. Imaginé que sería caro, pero me dijeron que los amigos de Muriel teníamos nuestras tres primeras visitas pagadas, que él era un excelente cliente y que iba casi a diario.

Llegué a una habitación muy bien iluminada. En el centro había una cama en forma de corazón con una mujer a cada lado, mi lugar estaba en medio de ellas. Ya no existe el amor cortés, así que no puedo decir que hicimos el amor.

Ya no existe nada, ni las flores que cultivé en el jardín de Luisa, ni siquiera pude sacarle provecho a esas flores tan finas. Bellas orquídeas que saldrían congeladas, en avión, a las mil ciudades donde aún quedara una mujer con fe en las insinuaciones corteses. Sin embargo, eso no era más que una ilusión, actualmente. Ahora, sólo queda el sexo.

26 de septiembre de 2010

Muriel estaba ahí, volví a ir al prostíbulo y lo encontré, ni siquiera había llegado a la habitación; se había quedado en el vestíbulo con dos mujeres bellísimas, volteó a verme y me sonrió. “¿A quién quieres hoy, Justino? ¿A poco no se olvida a cualquier mujer entre éstas bellezas? Inclusive a tu idolatrada Luisa...”

Antes de que terminara la oración, lo tomé del cuello de su camisa desabotonada y lo tiré al piso, comencé a golpearlo brutalmente, hasta dejarlo casi inconsciente, lo levanté fácilmente y lo lancé contra un trinchador de cedro muy costoso y firme sobre el que había un florero.

Ahí estaba Luisa, la maldita flor se había vuelto un adorno en un putero y por eso Muriel quería que conociera ese lugar. Destrocé el florero en su cabeza y comenzó a salir sangre a borbotones de sus heridas. Las mujeres estaban a mi alrededor, gritaban, lloraban, unas consolaban a otras mientras en la calle sonaba una sirena y en la puerta tres golpes secos.

Tomé a Luisa antes de ser apresado y la puse en el bolsillo de mi camisa. Maniatado por la espalda salí del lugar.

28 de septiembre de 2010
Ahora entiendo que debí de creer en Muriel, él me había mandado al prostíbulo para curarme del amor hacia Luisa, pero hay que matar a los hombres para poder creer en ellos. Yo jamás confíe en él, pero necesitaba un cambio.

No cambié. Sin embargo, ahora tengo a Luisa aquí a mi lado, ya estamos juntos para siempre, los dos en esta prisión... Nunca saldremos; nunca dejaremos entrar a nadie...

1.6.11

Luces de la ciudad

Era madrugada cuando Fulgencio tomó la mochila que había preparado la noche anterior con la ropa que necesitaría mientras se establecía en su nueva vida. Aprovechó la persistente oscuridad y se paró juntó al nogal que crecía a pocos metros de su casa y que durante el verano era el mejor sitio para atajar el Sol que pegaba con toda su intensidad a medio día. Miró al cielo y se llevó como última imagen las estrellas, pues le habían contado que una vez en la ciudad, las luces de las casas y los autos ,no le permitirían verlas como las veía en su pueblo. Una vez capturada la imagen en su memoria comenzó a caminar por donde le habían dicho llegaría más rápido a la ciudad.

Caminó casi tres horas y a Fulgencio le parecía que estaba en un viaje interminable. No quería ir a la ciudad y, sin embargo, no había nada que necesitara más, su futuro y el de su familia dependia totalmente de que él pusiera a prueba los conocimientos de mecánica que había adquirido reparando tractores y ahora utilizaría reparando automóviles.

Antes de que anocheciera su madre le había dicho que volviera siempre que pudiera, su hermana que esperaba algún día poder alcanzarlo y conocer otra realidad y su padre no dijo nada, simplemente le dió su bendición y un beso en la frente, pero cuando estaba tomando su maleta escuchó que le decía desde su cuarto que jamás decepcionara a su familia.

Recordaba esto y las estrellas cuando detrás de una colina vió un resplandor gigantesco. Aún faltaba más de una hora para que amaneciera y, sin embargo, la ciudad estaba tan iluminada que parecía ser de día. Fulgencio cerró los ojos y caminó el último tramo de la colina y la entrada a la ciudad completamente ciego, aunque la luz lograba colarse entre sus párpados.

Esta luz le indicó que estaba ya dentro de la ciudad, pues, inclusive con los ojos cerrados, no veía oscuridad. Lentamente abrió los ojos para ver por primera vez la ciudad. Poco a poco, milímetro a milímetro, la luz fue entrando más violentamente hasta que los abrió por completo y una insoportable ceguera producto de los anuncios espectaculares, luces de calle y automóviles que comenzaban a salir rumbo a su trabajo.

Pasaron cinco segundos y la ceguera había cedido para descubrirle un mundo que jamás había imaginado, enormes construcciones de ladrillos y cemento le rodeaban, anuncios de todo tipo, infinitas invitaciones a comprar con el dinero que estaba dispuesto a ganarse, el quería esa vida que le presentaban, quería conocer esas mujeres hermosas, quería vestir elegantemente, jugar en los casinos, manejar un auto deportivo, conocer ese nuevo restaurante, disfrutar de las acciones del gobierno que a su pueblo jamás habían llegado, pero que personas de la ciudad afirmaban estar disfrutando, inmóviles enmarcados y alumbrados perpetuamente para persuasión de los conductores.

Siguió caminando y entró a una calle mucho más iluminada. Sin embargo, todo parecía mucho más oscuro, anuncios de modelos bailando, hombres jóvenes y adultos vomitando en la calle, un vagabundo recostado en el piso con la mano suplicando un poco de dinero, mujeres semidesnudas que le decían “papi” “¿qué quieres que te haga?” “prueba un poquito de esto” y otras frases que en los bailes de su pueblo jamás había escuchado de sus vecinas y amigas. Personas reunidas alrededor de muchos automóviles con música que sonaba más que las bandas que había visto en la feria, dos de esos autos arrancaron a gran velocidad y al poco rato se perdieron de vista. También vio luces de muchas patrullas de policía y vio a la gente corriendo a esconderse, a los automóviles salir igual de rápido que los anteriores, ya no brillaba tanto la calle. Los policías se bajaron de sus patrullas comenzaron a agarrar a todas las persona que encontraron cerca y los que no tuvieron tiempo de echarse a correr.

Él se quedó parado, esperando, se le acercó un policía, no reconoció su rostro, tenía los ojos nublados, la calle ya no brillaba para nada, solamente unos cuantos destellos rojos y azules, un movimiento súbito, un golpe seco en la mejilla derecha, un revés del oficial.

El mundo giró noventa grados, el oficial perpendicular a la pared, destellos rojos y azules sobre un pequeño charco que se formaba en el suelo, crecía lentamente hasta llegar a un punto donde no distinguía nada, otro golpe seco y completa oscuridad.

Lo despertó el sonido y el dolor en su espalda, su cama era de piedra y escuchaba a dos personas hablando del partido del domingo, abrió los ojos, no vio nada, los cerró, abrió, cerró y volvió a abrir y nada, la oscuridad persistía, gritó pidiendo ayuda y solamente recibió “cálmate maldito delincuente, nada más que contactemos a tu familia y sabrán qué clase de hijo tienen”.

No veía nada, sin embargo recordaba, las caras de su familia, los escuchaba despedirse de él, los ojos ilusionados de su hermana, la sonrisa de su madre y la bendición de su padre, el nogal, el calor del verano y la sombra, luces a las que estaba acostumbrado, en cambio, la ciudad lo había dejado ciego, entonces recordó las estrellas, esa última imagen de su pueblo y el camino y con lágrimas intentó lavar la oscuridad.

28.5.11

Mi voz ha cambiado

Mi voz ha cambiado.
Ahora hablo infantilmente agudo, todo culpa de un pequeño, amarillo y torpe pollo que se le ocurrió saltar desde un segundo piso mientras yo dibujaba un tremendo bostezo de león en mi boca y en el momento en que el aire entraba en mi garganta entró acompañado del sujeto amarillo.
Por un momento sentí que me ahogaba, pero hice todo lo posible por sacarlo o comerlo, lo que pasara primero. Entre varios cofcofs piopios y argargs el pollito por fin decidió por un destino, lamentablemente ese camino lo llevaba directamente hasta mis intestinos.
Acababa de comerme un pollito vivo y amarillo que me había dejado como único y último vestigio su voz atorada en mi garganta.
Cuando creí que hasta ahí llegaría la historia del pollito llegó una gallina ya entrada en años a reclamarme la muerte de su hijo y como buena madre lo hizo con toda la violencia que puede generar en ella la pérdida de uno de sus retoños.
Picó y luchó contra mis piernas, enfurecida exigiendo le devolviera a su pequeño que se encontraba en un viaje cuyo unico destino era mi estómago por lo que sus súplicas eran inútiles.
Al ver que nada podía hacer llamó al padre del pollito para ayudarle a luchar por el producto de su amor, pero lamentablemente llegaron al llamado un gran pavorreal y un viejo pero valiente gallo.
Estos dos supuestos padres se vieron a los ojos y comprendiéndose engañados comenzaron a luchar entre ellos. La gallina, avergonzada, intentaba separarlos cacareando los argumentos de su engaño.
Que si el pavorreal es mucho más guapo, que es joven, que hace mucho tiempo alguien no me quería de esa manera, que todavía te amo, que fue solamente un desliz, que prometo no volveré a verlo, que ellos no son sus hijos pero podemos intentar tener otros nosotros, hasta que el gallo triste se fue de la escena y el pavorreal, lleno de culpa, lo siguió.
Todo esto sucedía mientras los pollitos que habían visto a su hermano saltar se alborataban entre piopios de tristeza por la reciente muerte del más pequeño de ellos y la sorpresa de saberse bastardos y sin padres después de tal episodio.
Su madre intentó calmarlos y entre tanto alboroto yo alcancé a tallar en un árbol la siguiente frase “aquí murió digno un pollito que se atrevió a saltar a lo desconocido con el simple deseo de conocer”. Puse la fecha correspondiente y me fui procurando no hacer ruido para no exaltar de nuevo a la avergonzada madre.

13.1.11

El amor jamás será propiedad privada

Después de un tiempo él decidió dejar a esta nueva mujer en su vida, ya había compartido suficiente con ella para abandonarla sin explicación alguna.
Sin embargo, como todas las mujeres de su vida, ella también exigió una explicación, la cual resultaba imposible si no habitaba la mente de aquel que la dejaba.

- ¿Por qué te vas?

- Todos tenemos alguna Maga que seguiríamos desde Paris hasta donde nos llevase, aunque jamás la encontrásemos, esto es lo único importante, saber que jamás alcanzaremos por completo a aquello que nos hace estar moviéndonos, si lo alcanzáremos ¿a dónde caminaríamos después?
Yo necesito seguir caminando, seguir mirando y descubriendo, seguir aprendiendo y viviendo, entonces podré decir lo que verdaderamente persigo y si eres tú quizás vuelva, sin embargo, no prometo nada, pues la casualidad me trajo hasta aquí y ahora no sé hasta dónde me lleve.

- ¿Quién es esa tal “Maga”? ¿Por qué tuviste que engañarme? Yo sólo te pedía fidelidad, tú fuiste el que juró que me amaba, que sólo a mi me amabas y ¿qué me demuestras con esto? ¿Acaso no soy lo suficientemente importante para ser tu destino y no nada más un momento en tu camino?

- Pensaba que mi Maga eras tú, pero ya me es imposible pensar que alguna vez me fue posible amarte.

- Después de mucho caminar... promete que regresarás

- Lo haré, en otro cuerpo y con otro nombre, no hace falta que yo esté aquí, yo sólo fui un medio para que conocieras el amor, así como tu fuiste mi medio, hoy ya no me llevas a ese lugar que antes me llevabas.

Otra mujer lo estaba odiando, otra mujer igual a todas las mujeres de su pasado, otra mujer igual a todas las mujeres de su pasado, no era un cliché, ni una tradición, era la voluntad de perseguir a algo o alguien que siempre estaba más allá, cuando algo se cruzaba enre esto que perseguía y él, lo que se cruzaba adquiría el valor de lo que perseguía, excepto que este obstáculo era algo alcanzable y una vez que lo tenía no tenía caso seguirlo teniendo.

- Por favor no te vayas

- Y ¿Qué haría aquí?

- Amarme

- Jamás podré volver a amarte porque te estoy amando en otra persona.

2.1.11

El juicio

Sonríe, camina tres pasos, uno adelante, uno da la vuelta y el último regresa al mismo lugar donde había empezado, hace lo mismo en sentido contrario, enfrente de él hay una silla, a su alrededor las paredes grises de un cuarto, 3x3, sobre él una gran lámpara iluminando la silla, se sienta en la silla, frente a él ahora se mueve una sombra, imitando la manera en que él caminaba antes de sentarse, la sombra comienza el interrogatorio.

- Explica como llegaste a hacer lo que hiciste
- Yo no hice nada
- Explica como llegaste a hacer lo que se te acusa de haber hecho
- ¿De qué se me acusa?
- Asesinato
- Yo no recuerdo haber matado a alguna persona
- No lo mataste, está muriendo
- ¿Quién es?
- Tú deberías saberlo, tú lo llevaste a donde está ahora
- ¿Quién es?
- Aquí yo hago las preguntas ¿Qué hacías el martes pasado?

Sudor corre por su frente, sigue a la sombra pero no lo distingue, está sentado sin estar atado a la silla pero no puede levantarse, está muy cansado para recordar…

- Depende la hora que importe para la respuesta que buscas
- Apenas había oscurecido
- Entonces caminaba, serían como las siete de la tarde, caminaba del centro a mi casa
- ¿Dónde vives?
- Un fraccionamiento cerrado, cerca de la autopista al sur de la ciudad, a unos 35 minutos del centro en auto
- ¿Por qué caminabas entonces?
- Había perdido todo mi dinero el lunes, apostando, tuve que vender mi auto, se acercaba el fin de mes y necesitaba recuperar un poco de lo que había perdido

Aún no recordaba que había pasado el martes después de llegar a su casa, pero vivía sólo, no podía haber nadie a quien hubiera matado ese día, mucho menos los días posteriores, aunque de ellos no recordaba nada.

- ¿Cuánto tiempo tardaste en llegar a tu casa?
- Dos horas y media
- Y cuando llegaste ¿qué hiciste?
- No recuerdo

La sombra le arroja unas fotografías donde reconoce el piso de su casa manchado en sangre, un cuerpo bocabajo, en otra encuentra un cuchillo que siempre usaba en la cocina tirado en el piso y una tercera que en primer plano tenía el cuerpo, después el cuchillo y al final una puerta abierta, todo en una misma fotografía de izquierda a derecha y con mucha sangre de por medio.

- ¿Ahora recuerdas?
- Aún no
- Estás seguro
- No, además no quiero recordar

Más fotografías, una con la puerta de su casa atravesada con un cuchillo que mantenía una nota a la altura de la cabeza humana, en la nota sólo estaba el símbolo de los dólares, la puerta estaba entreabierta.

- ¿Por qué no quieres recordar?
- Sé quién es ese hombre
- ¿Al qué asesinaste?
- No está muerto

Una última fotografía donde los médicos llevan el cuerpo en una camilla, la cara se distingue borrosa, la ambulancia bien iluminada y los médicos se observan claramente.

La sombra espera a que él termine de analizar las fotografías y se acerca a la luz, él puede ver claramente la cara de la sombra y del impacto se cae de la silla, en la sombra se reconoce como si viera un espejo, durante la caída se da cuenta de lo que había olvidado, en su brazo está una aguja alimentándolo de suero, la silla es una cama y la luz que lo ilumina es demasiado blanca, una vez en el piso abre los ojos, nota a enfermeras y doctores a su alrededor, siente en su cuello con su mano derecha, tiene puntos, mientras baja la mano se da cuenta de que tiene una pequeña cicatriz en la intersección que se forma en el lado inverso del codo, recuerda las fotografías, el cuerpo estaba vestido con la camisa que él acostumbraba llevar al trabajo, había decidido cometer asesinato, o correctamente dicho suicidio.

26.11.10

El Sol tiene celos...

Cuentan las leyendas que la Luna es una mujer, una mujer que se entregó completamente al Sol y ahora sólo vive del reflejo de la magnificencia del astro rey, pero la Luna necesitaba más, quería un amor absoluto, alguien que se entregara a ella así como ella se había entregado al Sol.

Un día, la Luna decidió que necesitaba tener todo bajo su control, hacer que aquellos que la amaban la extrañasen y así tenerlos más enamorados, como generando una adicción, para después regresar con todo su esplendor, por eso la Luna, como mujer, cambia totalmente una vez al mes, no es la misma y muchas veces ni siquiera podemos verla, para después ser creciente, hasta llegar a tener control sobre la marea e inspiración sobre los poetas.

Una de esas noches donde estaba llena la Luna decidió romper toda relación con el Sol y ver a la tierra, donde descubrió a un escritor mirándola cada ciertos momentos para después regresar al papel dónde escribía.

La Luna, sabiéndose dueña de su inspiración lo miró fijamente, llenó su estudio de luz y preguntó:

- ¿Hasta dónde llega tu amor?

El escritor, asombrado, volteó a la Luna e hipnotizado por su luz solamente dijo:

- No tengo idea, pero espero algún día alcanzarte, llegar al cielo y perderme en la noche, por siempre, entregarme a tu luz, a tus sombras, a tus cráteres y…

- No te creo, necesitas probármelo, no podemos saber los sentimientos de las personas, necesito pruebas.

- ¿Qué más pruebas que todas las noches esperar a que pases por mi ventana? ¿qué más pruebas que todo lo que he escrito pensando en ti?

- No sé, pero los hombres no son confiables, no te puedo creer.

El escritor, aún más asombrado, no sabía cómo responder, la Luna era en todos sentidos una mujer.

- Está bien, déjame escribirte un poema, quizás con palabras entiendas.

Y comenzó a escribir, a borrar, a volver a escribir, de vez en vez miraba a la Luna y sonreía, tenía el soneto perfecto en sus manos.

Me encuentro falto de ti en las mañanas

Al no encontrar tu figura en la almohada

E imaginar que ya no he de encontrarla

Ya no sé junto a quién tus ojos se abran


Me encuentro falto de ti cuando callas

Y sólo puedo verte en mi ventana

He de dormir hasta el día de mañana

Y en la noche entregarte entera mi alma


Llenar de mil letras páginas blancas

Y algún estar donde vayas a estar

Pensar que la tinta me lleva hasta allá.


A miles de autores llegas e inspiras

Luna es el más común de cualquier lugar

Pero mi luna, de amor me haces volar.

La Luna sabía que era el poema de un novato, un soneto demasiado simple, sin embargo, nunca había escuchado palabras de amor, nunca había sentido el cariño de las personas, por estar siempre reflejando la luz del Sol.

Sin poder controlar su cuerpo la luna desapareció de la noche, dejando en su lugar una piedra gris que por un error en la astronomía adquirió el nombre de esta bella mujer, de la cual, hasta el momento nadie está seguro de su paradero.

Sin embargo, cuentan más leyendas, que una vez se vio a una mujer con los ojos más brillantes que han existido en este planeta, con el cuerpo joven y el alma eterna. Una mujer que todas las mañanas desaparecía y en las noches entregaba su esplendor a un hombre con las manos manchadas de tinta, mientras el Sol utilizaba la piedra recién llamada para reflejar su luz al mundo, sintiendo celos de aquel poeta.

3.10.10

Para Maru

Hoy el Sol salió por el lado equivocado, por lo tanto dieron las 11 y yo aún no me despertaba. Abrí los ojos y vi cómo mi cama estaba vacía, solamente yo y un lugar destendido.

Hoy, a la una de la tarde, no soportaba el calor que había provocado esta rebelión del universo y que provocó que en el día más importante de mi vida no me despertara a tiempo e inclusive olvidara la importancia de ese día.

Hoy a las 4 de la mañana (cuatro horas antes de que sonara mi despertador) el universo decidió que las cosas al parecer no iban en el camino correcto y giro desde dónde había girado antes.

Esto provocó caos, por lo menos en mi caso, que ya no recordaba nada de lo que tenía planeado hacer después de este día, solamente sabía lo que me había sucedido hasta el momento antes de recargar mi cara sobre la almohada y dormir hasta este momento.

Miré el reloj otra vez, ahora marcaba las doce. Algo parecía completamente fuera de lugar así que decidí salir de mi cuarto a explorar este nuevo mundo.

Lo que me encontré fue de lo más extraño, la gente caminaba hacía atrás, hablaban un idioma que yo no entendía, todo sucedía a la inversa de cómo había sucedido antes.

anañam arap otsil sátse ay?” me decía mi hermana cada vez que me veía, pase cerca de mi mamá y solamente dijo “aíd narg led setna sotnuj someremoc sagell euq oneub euq” y aunque no les entendía, asentí con la cabeza y seguí mi día normal.

Ahora el reloj marcaba las once.

Después de casi hora y media había entendido que ya nada sería como antes, o que todo estaba siendo como había sido en un pasado, estaba regresando en el tiempo y el único que se daba cuenta de las irreverencias y caprichos de Dios era yo.

Otra vez el mundo se había olvidado de mi, volverían a pasar los años y yo sería el único que envejecería mientras los demás se volvían más jóvenes hasta desaparecer totalmente.

Pero ¿qué pasaría el día en que nací?

Dejé que pasaran los días observé como mi mamá y mi hermana preparaban todo para una gran fiesta, mi hermana decía “erpmeis arap riviv aíreuq alle noc euq óidiced euq atsah omsimisep lanoicidart us nis narasap sasoc sal euq ojed y neiugla a rereuq opus nif la ,onamreh rop neib euq” y mi mamá le contestó: “no es pesimista, solamente tenía miedo” “odeim aínet etnemalos ,atsimisep se on”.

Los días seguían pasando y cada día se veían menos felices mi familia, ¿qué iba a pasar que las tenía tan ocupadas?

Con el paso del tiempo me di cuenta de las grandes cosas que ellas siempre habían hecho por mi, de lo maravillosa que había sido la vida conmigo, y de todo lo que me había perdido.

Cerré los ojos y entre llanto grité “algún día las cosas serán diferentes”, me quedé dormido, llevaba casi una semana durmiendo menos de dos horas diariamente.

Desperté con el Sol otra vez, mi ventana que apuntaba hacía el este estaba perfectamente iluminada por el amanecer (o el atardecer) desde atrás de los volcanes, me quedé maravillado viendo este espectaculo al que nunca le había puesto verdadera atención, un momento después sentí unas manos sobre mis hombros y escuche “buenos días amor” y esa persona se sentó a mi lado a observar como la luz de la estrella más cercana se elevaba, miré mi reloj, un minuto exactamente hasta ver que de 8:21 pasó a 8:22.

La mujer se levantó y me dió un beso, me dijo que este día no podría verla asi que era para que estuviera todo el tiempo pensando en ella.

Me levanté, bajé a la cocina y ahí estaban mi mamá y mi hermana preparando el desayuno, las dos me sonrieron, mi mamá me abrazó y dijo “ya eres todo un hombre” yo no pude evitar sonreir, el universo me había dado la oportunidad de hacer que las cosas fueran diferentes.


A Maru la pueden leer en http://marujis-brujis.blogspot.com

y este cuento es para que nos regale una sonrisa.

1.10.10

Una partícula

Presioné el interruptor y desde la planta una partícula proveniente del movimiento del agua viajó por toda la ciudad, recorriendo cables, postes, antenas y eventualmente mi casa, llegando desde el transformador más cercano, recorriendo cuartos, focos apagados, el refrigerador y al final llegar a la luminaria que estaba en mi habitación, transformarse en luz y llenar todo el lugar de si, para finalmente chocar con tu cuerpo y llegar hasta mis ojos, permitiendome descubrir tus ojos antes de dormir.

5.9.10

El circo

“Bienvenido sea a éste maravilloso circo” se leía en la entrada de un circo ambulante que visitaba mi ciudad, tres pistas, acróbatas, payasos, magos y animales domados eran la principal atracción que últimamente había dejado de sorprenderme al igual que la mayoría de las cosas, “ya visto” era mi principal argumento cuando alguien cuestionaba mi desagrado ante burdos intentos de entretenimiento.

Sin embargo, decidí acompañar a mis compañeras de la carrera que buscaban hacer un fotorreportaje y de paso reír aunque sea unas cuantas veces para salir de la rutina, empezó como casi siempre, lleno de clichés, el maestro de ceremonias era de baja estatura y estómago abultado, con voz microfonalmente ostentosa, un traje rojo estilo pachuco y el tradicional:

“DAMAS Y CABALLEROS, NIÑOS Y NIÑAS, SEAN USTEDES BIENVENIDOS AL FABULOSO CIRCO DE LOS HERMANOS GARCÍA” (aquí va la tradicional música circense y después salen dos payasos en monociclos haciendo una peligrosa rutina de dar vueltas entre ellos hasta que chocan y ambos terminan en el suelo.)

Entre payasos cuya única forma de hacer reír era humillando a cualquier miembro del público, un mago obvio y animales torturados (no tanto como el intelecto de los asistentes al teatro) llegó el intermedio, donde se vendieron fotografías instantáneas con motivos histriónicos, dulces y palomitas.

Después de estos 15 minutos se fue la luz para dar paso a los acróbatas, artistas del aire, con el mismo rostro de desprecio y ganas de estar en cualquier otro lugar menos esa butaca vi el espectáculo, dejándome sorprender por la belleza incomparable de una mujer voladora.

Asombrado la observe ir de izquierda a derecha, girar entre reflectores, arriesgar su vida sin red de seguridad, ser salvada del abismo por los brazos de otro acróbata que solamente recuerdo por el momento en que entró en contacto con ella, esperando que aquel momento en que su luz se reflejaba en mis ojos jamás terminase y antes de que pudiera quedarme con su imagen completa volvió el sonido de la música circense, reflectores directamente a ella, reverencia y bajar rápidamente del mástil para volver a camerinos, sin poder conocer siquiera su nombre y cuándo sería la próxima presentación.

Cuando creí que toda posibilidad de volver a verla había terminado acabó el espectáculo, salieron todos los artistas y pude admirar su figura una vez más, al terminar mis amigas decidieron interceptar al maestro de ceremonias, aproveche para preguntarle un poco de la trapecista y hacer una cita para conocerla en el siguiente ensayo.

Tres días después las ansias de ir a verla ensayar aquel sublime acto no me permitieron dormir el tiempo completo, desperté antes de lo previsto y preparé todo para visitar el circo otra vez.

Llegué al que se convertiría en el día más significativo de mi vida, platique con el maestro de ceremonias, le tomé algunas fotografías en el circo (su circo) y me presentó a los demás actores y actrices, a quienes conocí sin mucho interés.

“ella es la más dedicada del equipo” me dijo antes de llegar a conocer a la trapecista, estaba ensayando, la vería practicar y después la conocería con el pretexto de hacerle una entrevista, todo parecía tan perfecto, sus manos se acoplaban perfectamente a las barras y a las manos de su compañero, o por lo menos eso parecía.

La vi intentar tomar las manos de su compañero, resbalar, a su compañero intentar detenerla, la cara del maestro de ceremonias mientras pasaba todo esto, el arnés de seguridad cayendo a la misma velocidad de que ella, por sus movimientos previos a la caída giraba, el arnés también lo hacía, se enredaba alrededor de su cuello, ella luchaba por detenerlo.

La policía y médicos llegaron muy tarde, ella estaba oficialmente muerta, pero estoy seguro que lo último que vio fueron mis ojos…

12.7.10

Todas...

“Si estoy aquí es porque lo he decidido desde un principio” decía ella cuando él le había dicho que no podía amarla más, “pero tú ¿qué has hecho?” continuaba su discurso con frases entrecortadas por sollozos y llanto al sentir que la vida se le iba entre los dedos “tú ¿cómo puedes decir que no me amas?”.

Mientras el analizaba la situación se enfrentaba a la moral persistente, a las enseñanzas de su pasado, a las reglas hollywoodenses de las relaciones, a la teoría romántica del amor, a Erich Fromm, a Sartre y un sinfín de historias y sabidurías, algunas tan antiguas que le parecía muy insensato negarlas.

Después de verla llorar unos cinco minutos y escuchar montones de réplicas simplemente contesto:

“Ella es todas las mujeres de mi vida, ella vive constantemente en mi recuerdo y reaparece en una nueva forma con una nueva mirada y un acento diferente pero permanece su esencia, permanece ella en ella y simplemente el recuerdo me obliga a quererla.

Sin embargo después de un momento el recuerdo no es lo único que permanece, se forman nuevas historias, nuevos momentos y vuelvo a caer como siempre he caído ante una mirada, una sonrisa, algún abrazo, una palabra o cualquier gesto que denote cierto interés.

Ella simplemente está, y mientras la luz del sol o artificial llena mi pupila de su rostro me pierdo en el instante en que la conocí y tomó tantas formas que aparecen a diario en mi vida, a diario me enamoro de la misma persona, a pesar de materializarse en tantas diferentes.

Ella eres tú y mi pasado.”

“No te entiendo, ayer me jurabas estar infinitamente enamorado de mi” una réplica más que salía de los labios que él antes tanto deseaba.

“El infinitamente simplemente abarcaba a la infinita cantidad de veces que me he enamorado de ti en todas las maneras que tienes para hacerme feliz, inclusive cuando no estás en este mismo cuerpo y con esta misma historia.”

“No sé porqué me enamoré de ti, cínico, frío, tortuoso, siempre fue tortuoso estar a tu lado, con tus altibajos, tu constante idealización de las cosas y tu vida entregada a todo excepto a decirme que me amas”

“El amor no es propiedad privada”

Y con esta frase ella salió del departamento para perderse en el mar de gente que circula a diario por las calles, donde algún día la volvió a encontrar en la sonrisa de otra persona, en los ojos de otra mujer, en los besos de otros labios, siempre en el momento menos oportuno y dispuesta a recordarle lo que era estar enamorado.

2.6.10

7 pecados capitales del amor... VII

No te quedes sin decir "Te amo"

Era el día del padre, fuimos el mío y yo a visitar a mi abuelo, su tumba estaba a la izquierda en el panteón municipal, junto a todos mis parientes desconocidos pues habían muerto antes que yo, mi papá sacó dos sillas, un ipod y dos cervezas, me dio una y otra se la quedó él, mientras el Ipod sonaba con música de José Alfredo Jiménez, el cantautor favorito de mi abuelo.

Estábamos conviviendo las tres generaciones de la familia cuando vi llegar al obrero que conocí en un callejón al lado de la mujer del vestido de Chanel, venía con una rosa en la mano, la ropa igual de sucia y ni una gota de alcohol en su sangre, me acerqué a saludarlo, en cuanto dije hola se soltó a llorar, Diana había muerto y con ella la esperanza de volver a sentir el amor por parte de este ahora no borracho llamado Agustín.

Detrás de él venía un vendedor de flores enfurecido, no había pagado la rosa, no podía pagarla, saqué un billete y pagué por su robo, lo abracé para hacerlo sentir mejor, lo miré a los ojos y pregunté qué sentía, él, que ya estaba más tranquilo otra vez volvió al llanto y se sentó en el suelo.

Cuando estuvo tranquilo me miró a los ojos y dijo “tardé demasiado en decirle que la amaba, un día decidí robar una flor, no emborracharme e ir a donde siempre nos veíamos todas las tardes, ella jamás llegó, al día siguiente salió su imagen en la sección policiaca del periódico, esa que dices que no tiene ningún uso aparte de saciar el morbo, sin embargo, ese día me enteré de que ella ya no estaba más, o que si estaba debería estar entre las llantas del camión que imprudentemente terminó con su vida. En el bolso de su traje encontraron sus papeles, hablaron a la familia y ahora está aquí, en una construcción de mármol con gente vestida eternamente con trajes igual de finos como el que ella vestía a diario y, aunque ya llevaba más de un año con la misma ropa, cada día se veía más deslumbrante y atractiva, estaba muy enamorado de ella.”

Ante esta demostración de todo por lo que pasaba lo más que pude hacer fue mirarlo, darle un abrazo, invitarlo a sentarse con nosotros, a que tomara una cerveza y cantara hasta el anochecer “Ella” y “Tu recuerdo y yo”.

1.6.10

7 pecados capitales del amor... VI

El amor no está en Hollywood

“Ella era un amor como de película… ridícula” me confesó entre copas un compañero de borracheras y sueños frustrados en aquel bar rústico del centro.

“Ya sabes, asquerosamente rosa, de esas mujeres que te presentan un mundo tan surrealista que llegas a olvidar que estás en México y que estamos en uno de los peores países para vivir.” Yo sólo asentía con la cabeza, aunque mis ojos se cerraban en ese momento, siempre disfrutaba escuchar la filosofía de la calle de este compañero de tragos.

“Y yo, creyendo que todo tendría un final feliz, me di cuenta que esa felicidad es inalcanzable y que en realidad no existe la felicidad, simplemente un trayecto hacia algo indefinido pero que creemos que es felicidad. Y si las películas duraran más de una hora y media veríamos que pasa después de ese beso tan esperado y la definitiva pero errónea palabra, fin.”

Mientras decía esto yo pensaba en las miles de parejas de enamorados que entran a la sala imaginando que están observando la realidad cuando el absoluto de la realidad es otro imposible y nos quedamos con lo que estamos viendo, mientras los enamorados solo ven un beso en la pantalla y repiten esta acción que los lleva a un momentáneo placer sin saber que les espera posteriormente.

29.5.10

7 pecados capitales del amor... V

El amor no duele

Ella caminaba con una pierna arrastrada, un ojo casi cerrado, heridas en sus piernas y sus brazos, quemaduras de tabaco en sus manos, su hijo a su lado y residuos de llanto en sus ojos, todo esto producto de la ira del que era su esposo desde hace 5 años y novio desde 4 antes de su matrimonio.

Ella simplemente sonreía cuando alguien le preguntaba si la podían ayudar, ella fingía que todo estaba bien, pues a pesar de la violencia continua que vivía en su casa seguía enamorada esperando que regresara la persona que la había conquistado 9 años atrás y que después de 2 se volvió más costumbre que cariño.

Ella aún no terminaba la preparatoria pues su lugar estaba en su casa desde que él, 4 años mayor, la obligó a quedarse y cuidar a su hijo, primero de esta relación demasiado pasional y muy poco funcional.

Esta vez ella camina con rumbo a casa de sus padres y se ríe de la ironía, la ironía de volver de donde la corrieron sin dudarlo cuando le dijeron que él era un hombre peligroso y que no debía irse solo por estar embarazada, pero ella decidió no escuchar.

Llegó hasta la puerta, le pidió a su hijo que tocara el timbre y se arrodilló con la poca energía que le quedaba, esperó y cuando la puerta rechinó al abrirse no soportó más y lloró lo que no había llorado los 5 años que había soportado los golpes del hombre que amaba.

27.5.10

7 pecados capitales del amor... IV

El amor sucede más de una vez

A él también lo encontré en el callejón, junto a Diana, la mujer del vestido Chanel, pero él tenía una historia muy diferente a la de su compañera de borracheras y soledades.

El venía de la clase baja, obrero constructor desde los 12 años junto a su papá, quien desarrollaba el mismo oficio, que cuando su padre dejó de trabajar, a los 76 años, él tenía 36 y tomó el lugar como maestro de obra, oficio más grande al que podía aspirar.

Una vez que tuvo este empleo seguro decidió declarar su amor a la persona que siempre había querido, que conocía desde que empezó a trabajar y con la que había decidido compartir su vida si ella estaba de acuerdo, y así fue.

Ella tenía 36 y el 40 cuando se casaron, sin embargo, jamás pudieron tener una familia, y diez años después de su matrimonio, murió por la misma razón por la que no pudo tener hijos, cáncer.

Tan solo 10 años de esta felicidad y él seguía viviendo una vida precaria, como la mayoría de los obreros en este país, por lo que encontró en el alcohol una salida a la realidad, una nueva forma de entender el mundo, una forma de soportar el dolor de no tener a la mujer que amó y por la que juró no volverse a enamorar y la única forma de perder todo lo que había logrado en casi 30 años de trabajo.

Ahora lo encuentro todos los días en ese callejón, me grita “mira, ahí va el escritor, nos hará famosos” y se ríe como nunca con su compañera, de la cual, creo que poco a poco, rompiendo su promesa, se empieza a enamorar.

26.5.10

7 pecados capitales del amor... III

El amor no es un contrato

Ese día la despertó el sol, esa sensación la tenía pocas veces, ella estaba acostumbrada a una casa diseñada para cumplir con todas sus necesidades y dormir hasta tarde, porque nunca tenía nada que hacer.

Ella fue educada a la manera antigua, no quería esforzarse nunca y jamás lo hizo en su casa, porqué lo haría en la casa de su ahora ex esposo, sin embargo, no volvería a poner un píe en esa casa en la que muchos ni siquiera soñarían vivir.

Una casa enorme, con habitaciones innecesarias, que, sin embargo, ahí estaban, con mujeres dedicadas a su limpieza pero ninguna por gusto, todas por un salario, para que la dueña por un contrato de matrimonio pudiera salir todas las mañanas a tomar un café con sus amigas de la misma escuela de monjas donde las educaron para esta vida.

Pero en esa escuela no la educaron para algo básico, darse valor como mujer, su único valor era como la esposa del licenciado, como la mamá de los niños que iban a escuela católica, como la mujer que tenía la vida resuelta con un anillo, por lo que ella no podía nada sin ese anillo y unos buenos abogados como su esposo.

Ante esta realidad ella no supo hacer nada cuando descubrió a su esposo con otra mujer, mucho menos cuando él le pidió el divorcio porque amaba a otra persona, y cuando obtuvo el divorcio no se dio cuenta de las reglas preestablecidas desde el matrimonio, lo que la dejó en el callejón donde ahora duerme, con las raíces de su cabello castaño natural más largas que sus puntas rubio social, con lo único que la dejó tomar de su casa, el traje Chanel que tenía puesto el día que salió por el garaje en el auto que luego le quitaron y los ojos con arrugas de tanto llorar y tan poco dormir.

24.5.10

7 pecados capitales del amor... II

El yo va antes que el otro

Él la buscaba en el fondo de su vaso de whisky, enfrentándose a fantasmas representados por los hielos, enfrentándose a historias del pasado que en el presente traían graves repercusiones, unas cuantas cicatrices que apenas empezaban a formarse, muchas lágrimas derramadas y poco orgullo.

Una vez que el sentimiento y el alcohol vencían a la razón (serían cerca de las 4 de la mañana) llamaba a la que ahora era su ex novia y le decía que haría todo por volver a sus brazos, ella solo respondía con la voz de alguien que acaba de despertar que la dejara de molestar, que por algo habían terminado y él volvía al llanto y al whisky que lo habían llevado a perder su trabajo y el cariño de los pocos amigos que aún tenía.

Pasaron las 5 de la mañana, tomó las últimas gotas que aún quedaban en su vaso, lo golpeó contra la mesa y tomó todos los pequeños pedazos de vidrio entre sus dedos, generando un dolor que marcó arrugas en su frente y unió paladar con quijada en un rostro que denotaba libertad y arrepentimiento.

Después de esto salió del bar caminando, llegó hasta la puerta de la casa de su ex novia, tocó el timbre y en lo que recibía una respuesta sacó una Colt heredada de su abuelo de entre sus piernas, llenó un espacio del barril la apuntó a su cabeza tomándola con la mano derecha y llenó la banqueta y parte del jardín de restos de cráneo, sangre y cerebro, para darle la última despedida a una mujer que no lo merecía.

23.5.10

7 pecados capitales del amor...

Falta de dignidad

Ella caminaba con una bolsa en el hombro, lentes oscuros, la ropa rasgada, lágrimas en sus ojos y un niño en la barriga.

Caminaba en contra del viento, siempre había pensado que si algo o alguien la quería tenía que golpearla, tradición adquirida por la educación impuesta por sus padres. Y ahora el aire lo hacía con su rostro, aún desfigurado de su último amor.

Ese último amor, él, el que la había abandonado, mientras conducía borracho le quitó el cinturón, le pidió que abriera la puerta y la empujó a la calle, provocándole raspones, un dolor en el hombro y un poco de sangrado en la vagina.

Ya habían pasado seis horas, su llanto no había cesado, el dolor cada vez aumentaba y ella seguía esperando a que volviera el que la había abandonado para fingir una sonrisa, pedirle perdón por haberlo hecho enojar, decirle que lo amaba y subir otra vez a su automóvil.

5.5.10

El sol tiene envidia

“Tengo ganas de bañarme en el mar, se ve tan infinito y tranquilo, siempre negándonos conocerlo completamente” me decía ella mientras el sol se ocultaba tras el horizonte y yo veía esa luz naranja golpear su rostro envidiando que fueran luz y no mis besos los que estuvieran delineando la sombra de sus labios.

Me dijo esto, se levanto y volteo a verme como invitándome a nadar en sus brazos mientras el mar nos golpeaba los brazos intentando meterse entre nosotros como sus ojos se metían en mi alma, yo siempre estaba mirándola, sin embargo ella, tímida, escondía esos luceros para mostrármelos en el momento menos adecuado y desnudar mi pensamiento mientras mi cerebro se encontraba concentrado en la mejor forma de hacerla sentir la mujer más amada del mundo.

Una vez en el mar la abracé por la cintura, bese sus labios y el sol fue ahora el que envidiaba la posición de mis besos.

Ahora solo veo su brillo mientras el sol, derrotado, se esconde esperando cobrar su venganza y mañana poder brillar más que esta mujer que me tiene pensando todo el día en ella.

15.4.10

Experimento

“Esto es un experimento” me decía ella mientras despertaba en la orilla de una playa a la que había llegado hace más de tres días con su mirada en mis ojos perdidos y sus manos en mi pecho “¿Qué intentas probar?” no respondió. Ella disfrutaba el dejarme dudando, decía que era una manera para que nunca dejara de pensar en ella, la verdad es que ella era omnipresente en mi pensamiento.

Habíamos llegado a esa playa por otro de sus experimentos, queríamos viajar mochila al hombro desde Puerto Escondido hasta San Cristobal de las Casas, sin embargo nos habíamos perdido en la belleza de una de las playas del itsmo de Tehuantepec, en las costas de Oaxaca.

Este viaje sirvió para entender más de mi, para saber la razón de mi forma de ser, la verdad solo necesitaba libertad y un tiempo de intimidad interna, hace tanto que no pensaba en nada además de planes, futuro, vida, sin siquiera vivirla.

A ella la conocía de antes, ella siempre fue diferente y su voz podía convencerme de hacer muchas cosas, entre ellas tomar mis ahorros, el tiempo para trabajar en el verano y las llaves de un auto viejo de mis padres para conocer nuestro país, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, su verdadero objetivo era conocer los orígenes de nuestra cultura y descubrirse, descubrirnos.

El inicio del viaje fue caótico, llegamos a una playa infestada de gente, donde todos tenían una historia que contar, médicos que se quedaron enamorados de las olas, señoras que vendían marihuana como tabaco, extranjeros que vivían en la playa y cosechaban su propia comida, la gente se enamoraba de lugares como este para nunca regresar.

Esa noche nos perdimos en una combinación de cerveza, marihuana, una guitarra y la noche, dormimos a la luz de las estrellas y despertamos para partir, todo el viaje sería por costa, acompañados, resguardados e intimidados por el mar.

Al tercer día el auto viejo conoció lo inevitable para todos, ese día, con un calor de 39°, nuestro medio de transporte murió, irremediablemente muerto nos dijo el mecánico que intentó repararlo, irremediablemente perdidos estábamos nosotros en un pueblo alejado de Dios, los teléfonos, la carretera, pero no de la música y la gente con ritmo en las venas.

Ella cada día tenía cara de estar más arrepentida, sin embargo el sentir el mar cerca, el calor de la gente y la agradable comida tradicional le devolvían la sonrisa y a mí me encantaba dormir abrazado a ella cuando sonreía de esa manera.

Una noche que decidió no sonreír, a pesar de que fuimos recibidos por una tradicional fiesta de quince años, le pregunté qué le pasaba, sin decir nada volteó al suelo, la luz pareció disminuir en ese instante, sin embargo alcance a ver como una lágrima caía a su inminente encuentro con el piso de piedra que ahora nos servía de cama.

Volteó la mirada ahora a donde yo estaba, intentaba sonreír pero seguía llorando, “no puedo soportarlo” me dijo, yo no tenía idea que es lo que no podía soportar, “a pesar de estar en un lugar ajeno a mi rutina comienzo a ver como todo se repite otra vez, creo que estoy aburrida de la vida”.

Ahora el silencio fue de mi parte, quizás esta vez la duda era mejor opción, ¿Qué te aburre de la vida? Me aventuré a decir mientras mi mente se llenaba de preguntas de las cuales muchas aún no tenían respuesta, nunca había pensado en lo que me decía y ahora me parecía que siempre tuvo la razón.

Decidimos escapar como pudimos de ese pueblo para no enfrascarnos otra vez en alguna rutina, la idea del viaje era ser continuamente cambiantes, aunque ya la verdad no sabía porque había decidido todo lo que había decidido ¿por qué este lugar? ¿Por qué el viaje? ¿Por qué con ella? ¿Por qué yo?

Son preguntas que aún no logro responder, sin embargo el viaje continúa, sin embargo aquí estoy, atorado en una playa, mirándola, ahora parece tan tranquila, mientras yo no dejo de pensar en preguntas que siempre han sido preguntadas por la gente, mi vista parece volver a la normalidad, comienza a tomar forma su rostro, su sonrisa, el cielo atrás de su cabeza, sus ojos, “ya estás vivo” me dice, “quería ver si podía revivirte con energía de mis manos”, ella siempre pensó tan diferente, ella siempre ha sido feliz, y yo sigo tratando de encontrar un sentido a mi vida, sin saber que quizás ese sentido está acercando sus labios a los míos y me besa como primer sorpresa de la mañana.